martes, 6 de enero de 2009

LA AVENTURA DE SER MAESTRO

LA AVENTURA DE SER MAESTRO.

José Manuel Esteve, nos afirma que se aprende a ser profesor por nosotros mismos, mediante el ensayo y error, ya que nadie nos enseña a ser maestros, que podemos disfrutarlo de manera fabulosa, corrigiendo errores con la libertad de ser uno mismo y con alegría. Y ésto lo identifico claramente, porque sentí temor de no interesar al grupo, a no tener la respuesta para una pregunta, ha haber olvidado la guía del tema correspondiente...y por supuesto también la apariencia de "todo bajo control" y rostro duro sin permitirme expresar emociones, porque ésto representaba “la imagen del respeto”, la imagen que “debía tener” el profesor.

En el rubro de pensar y sentir, nos abre el ábanico de las posibilidades para armonizar nuestro entorno: al divertirnos en clase, buscar el ansia de saber y propiciar la inquietud por la investigación, considerando la apertura también de nuestra mente, siendo el objetivo de ser maestro de humanidad: que lo único importante sea ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea, siendo la primera tarea crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Pero, también hacer volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea obligándoles a pensar: es decir, no dar por sentado una respuesta que se ha facilitado ó estandarizado, y que es la única "aceptable", como la compilación de apuntes que no se han renovado o enriquecido y que han sido repetitivos año tras año. Si "se pensaba hablando, pensaba viviendo que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir..." idea de Miguel de Unamuno, como así lo manifiesta esta perspectiva, la enseñanza recupera el sentido de una aventura que nos rescata del tedio y del aburrimiento y se encuentra entonces la libertad de expresar, y entonces al descubrir la alegría te sientes útil en la enseñanza: El aprender de otros, que ya han hecho camino, nos lleva al objetivo de: ser maestros de humanidad.

Al hablarnos del proceso intermedio, tras su recorrido profesional, de las dificultades a sortear: desde la identidad profesional, la comunicación e interacción, los contenidos y niveles así como del orgullo de ser profesor; me ratifica mi estado de incertidumbre, pero también una firme intención de avanzar con paso firme.

Para la elaboración de nuestra propia identidad profesional implica cambiar la mentalidad, para descubrir en qué consiste ser profesor: al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, se tiene claro el modelo del profesor ideal, pero no sabemos cómo hacerlo realidad: el “¿qué hago aquí?” fue una duda constante, cuando me asaltó mi propia autocrítica y estaba consciente de lo que carecía: el choque con la realidad, mi prueba de ensayo y error: “¿y si lo hago de ésta u otra forma?”, he aquí el tener que volver a estudiar temas y estrategias de clase como profesor práctico; y al no tener una vocación clara de enseñantes, al haber estudiado una carrera para otra cosa con un modelo predominante del investigador especialista, por qué se va a enseñar algo que “mi nivel” no me lo permite, aún cuando no se sabe: organizar una clase, cómo mantener el orden en el aula y cómo atraer la atención de los alumnos. Es un auténtico proceso de conversión, donde el elemento central de la escencia del trabajo del profesor es: estar al servicio del aprendizaje de los todos sus alumnos y no sólo para unos cuántos; al cambiar del sentido de obligación al gusto por el trabajo, se descubre que el rezago de ciertos estudiantes, es por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, y entonces llega la aceptación que el trabajo consiste en reconvertir lo que se sabe para hacerlo accesible a mi grupo de adolescentes, aquí debe prevalecer la humildad sobre el ego, porque lo único verdaderamente importante son: los alumnos, y al realizar nuestra tarea en esta enorme empresa que es la enseñanza: identificar el rol ó saber jugar nuestro papel.

En el problema de la comunicación e interacción, se exige de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal, entendiendo que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción, ya que además de los contenidos de enseñanza se necesita encontrar formas adecuadas de expresión: saber escuchar, saber preguntar y saber retirarse de la escena, por lo que hay que dominar los códigos y los canales de comunicación: verbales, gestuales y audiovisuales y saber utilizar el tono de voz para motivar la actividad que se pretenda realizar; con este entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica depuraremos nuestro propio estilo docente, para ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguir comunicar lo que queremos decir con exactitud y lograr mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.

Para la cuestión de la disciplina, se tiene que identificar la clave para que el grupo funcione sin conflictos, y ésto requiere una atención especial: el profesor tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal, considerando el razonamiento y el diálogo como los mejores aliados, nuestros alumnos son seres esencialmente razonables.

Para el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos: se tiene que entender que debemos desprendernos del “rol” de status del nivel académico obtenido, y adecuar el enfoque de los conocimientos hasta hacerlos asequibles al grupo de clase; en ocasiones, alguna vez se ha proferido: “si no me entienden, ése no es mi problema, investíguenlo”, claro que debemos utilizar un vocabulario técnico ó propio del perfil profesiográfico, ya que las especialidades tienen el suyo propio, y es obvio que deban apropiarse, pero creo que antes de hacer mención, debemos facilitar la referencia y comprensión de la terminología; siempre se ha protestado por el nivel con que llegan a la institución, y la queja es para el nivel educativo inmediato inferior, pero la única alternativa es “hacer mi trabajo con lo que cuento”, porque no se puede permitir que la indiferencia o un “no me corresponde”, nos impida sentir que hemos llegado a ser: maestro de humanidad, porque sin duda alguna ésto, refleja el orgullo de ser profesor, aún cuando no sea relevante ni valorado, debe prevalecer el desafío del saber y la pasión por comunicarlo; como concluye José Manuel Esteve, y espero que …yo esté ayudando a preparar para la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario