MÓDULO 1
UNIDAD 1
SEMANA 2: CONFRONTACIÓN CON
ACTIVIDAD 2.1 ENTRE
En la búsqueda de la identidad, cuando aún no había definido que es lo que realmente quería ser y hacer, más cuando ha caído sobre nosotros nuestra propia responsabilidad, aparte de sentir el “debemos de”, y en la necesidad de la búsqueda de trabajo; con perfil a nivel técnico me incorporé a la educación tecnológica industrial, como en cualquier plantel de nueva creación, realizaba diversas funciones en apoyo, teníamos horario de entrada, pero no de salida, al participar en la elaboración y revisión de prácticas, en la exposición de las razones de proyectos presentados y por la inquietud de ver los resultados de todo este conjunto aplicado, me ví inmersa en la labor docente: en un aula de clases.
Al sentir la necesidad de manejar el conocimiento de tal forma que fuera adquirido y retenido por los alumnos, me inscribí a una nivelación pedagógica, y posteriormente para cursar la licenciatura en educación media, en la especialidad de matemáticas. Sin embargo, terminé tomando la licenciatura en administración de empresas, ya que la currícula escolar del plantel de adscripción lo requería por la especialidad en contabilidad y el área económico-administrativa.
Pero, también debo confesar que sentía cierta frustración en virtud, de que mi intención era cursar la carrera en ingeniería electrónica y volver a incorporarme a la planta productiva, y no me veía como profesor. Por lo que tomé como guía los cursos de capacitación sobre pedagogía y actualización docente que se nos impartían en los recesos intersemestrales.
Estoy por cumplir 26 años compartiendo el conocimiento, porque de ellos también he aprendido, y ya con este camino recorrido cierta estoy de que he sido raíz, y he contribuido con mi parte a la formación de un fruto maravilloso: la realización de un ser humano, y siempre me permitiré que la emoción se manifieste, cuando se hace el último pase de lista en una ceremonia de graduación, al vernos reflejados en su mirada, ese “gracias” que a veces no es expresado, es suficiente por todo lo que se haya pasado, y le soltamos de nuestra mano, deseando lleguen a buen puerto, cualquiera que haya sido su elección, que sea para su crecimiento.
Una gran responsabilidad ha sido la de participar y ser observador de un cambio extraordinario: los recibimos aún con “caras de niño” y los despedimos en la antesala, al inicio de su adultez. Se comparte con ellos la etapa final de su adolescencia, en mi pretensión soñadora, he aspirado a haber sido, si no una guía, si una ayuda en su camino: ser un forjador.
Y al paso del tiempo, llegan los resultados, cuando en el diario vivir salen al encuentro: “mis hijos del alma” transformados, convertidos en los hombres y mujeres que sus mentes proyectaron y que sus corazones anhelaron. Sin embargo, me queda aquel reclamo: de “no haber hecho lo suficiente”, cuando la prisa no me permitió escuchar al que nunca hablaba; el programa no me dio tiempo de atender un repaso aquél que lo necesitaba, haber sido indiferente cuando la ineficiencia cansa; no extender los brazos cuando la soledad los reclamaba; haber dejado predominar al ego, porque pretendiendo saber, debí hacerme del conocimiento del adolescente…y en un proceso de empatía: ayudarlo a alcanzar sus sueños; y participar del que considero el mayor fraude hecho a la humanidad: no rescatar de la ignorancia, cuando si era duda la vocación no debía ser por obligación.
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